ECIBERLAN

Poemas


Deja un comentario

Caer de los cuadernos abotonados.

Caer de los cuadernos abotonados.

Caer al cielo al límite de la rima
al lagrimal sonoro de ese infinito
el flanco dibujado a destiempo y pronto
como escala sin día el lugar que lo ama
el que nunca jamás lo dejará solo.
José Pómez
http://pomez.net


Deja un comentario

Alcuza con la suma de infinitos.

Alcuza con la suma de infinitos.

 

Como en tu voz de siempre volverás

como se emite un verso parecido

por imposible al tacto de diseños

como la lentitud de la pradera

o como llegan tus pasos al tiempo

rítmico del sosiego y al ala activa

cercada una vez más entre los mitos

trepidante de cielo estremecida

quiere el paisaje y quiere hasta tus sueños.

Quizá luego sea un relato nuevo

y comprendas los rotos y los vuelos

los besos sin sentido al aire vivo

y los tránsitos como enmarañados

al desencuentro y puede que el perfume

de la tierra y del crótalo amplifique

esa nobleza –de uno que sufre hoy–

no agoniza en las flores se remansa

como el cariño lo hace junto al alma.

 

José Pómez

http://pomez.net


Deja un comentario

¿Me aseguras que no te olvidare?

¿Me aseguras que no te olvidare?

 

Te quiero tanto que podría hacerlo

cuando no quede nada estarás tú,

inequívoco verso por sí extremo,

el acto del instante de los hechos

vivido y repetido siempre y hoy,

y tal como lo ignoras en lo simple

digo que sí lo asumo y que te quiero.

 

Tal vez estos minutos cosechados

en los primeros rayos de la aurora.

 

Decidan lo finito indefinido

programando los vuelos desunidos,

la palabra y la voz enjaretada,

única y avisada con afecto

en puerta de los besos infinitos,

y entrada verdadera de esperanza

la primera certeza que nos ama.

 

 

José Pómez

http://pomez.net


Deja un comentario

Después de subir de ese proteccionista infierno

Después de subir de ese proteccionista infierno

y dejarte comprar en el primer parpadeo

con esa mandarina idéntica a un martillo

vivido en cierto espejo de conciencia coqueta.

Yo te ofrezco el recuerdo entre el río y unas notas

de mariposa sobre tu alma que hoy recomienza

a abrirse a los dibujos conocidos de entonces

donde jamás y siempre se unen te amo y te escribo.

 

Los versos enfrentados al cristal ignorante

se deslizan pacíficos para contemplarte

¡van! algunos menguados de turquesas en llamas

conocidos escombros de batuta perfecta.

Como olas perforadas se exigieron lo eterno

los rumores de fechas que respiran y vuelven

¡van! y saben de poros que suspiran unidos

convocando un jardín donde cabemos todos.

 

Y si acaso las puertas de roble reforzadas

con las planchas de acero palidecen de pronto

seremos universo a la fuerza de las rosas

como humildes papeles con flecha definida.

Voy en el día que es nuestro junto al sol sembrado

te escribo una caricia de papel y de beso

voy concentrado de esta hoja a tu dulce infinito

y al presente elegido investigando la estrella.

 

 

José Pómez

http://pomez.net


Deja un comentario

Tal como ese alboroto en diferido

Tal como ese alboroto en diferido
desperdicia el paisaje no observando
superficie del aire en tres lugares.

Impulsados los únicos despiertos
de compañía y sol con los perrillos
sin enumerar las conformidades.

Dispares de brillantes distanciados
con el centro habitado las medusas
protegen y devastan la cultura.

Con la sala encalada de los labios
soniquetes aguados temblorosos
en la danza medida de los sueños.

Permanece el acierto fijo y quieto
que inventa las medidas de la mente
compartiendo sus lados redoblantes.

La cúspide calmada encuentra arena
rosada de salitre amanecida
frente a tantos con nudos respirados.

Sigilosos de brío acompañados
de la fruta atrevida duplicada
temprana y cautelar de mil colores.

El renglón de los signos perfilados
se sucede con días compartidos
emborronando sombras de estrategias.

José Pómez
http://pomez.net


1 comentario

Existen.

Existen. Son centellas las ladeadas y útiles,
advierten humaredas temblorosas de aciertos
luminiscentes bravos que flamean al agua
capaces y seguidas mejorando la cumbre.

La primera agitada que cumple con los gestos
repartidos enclaves que se palpan de frente
inmerecidos claros desentrañando el mirto
vigilante en la linde comprensivo del viento.

De una laguna esquina desempeñada y viva
sobresalen los juegos solitarios y lentos
los tenedores flecos de la coraza alertan
sobre heladas pantallas que herraduras baten.

Y como descansadas velan prietos senderos transitados por pueblos nivelados de aurora,
reclaman con el alma una mañana de menta principio de belleza inocente e infinita.

José Pómez
http://pomez.net