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Poemas


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La saciedad que ataca a toda la valentía

La saciedad que ataca a toda la valentía

despegada de abrazos colorea a tu espalda

la calma del destajo en que el vaso se imagina

la imagen asfaltada esa luminosa y fría

no asusta a las palomas no sirve para nada

adorna una cornisa y poco más con ayuda

del viento no muy fuerte presente en la coraza

el mérito es un mínimo valle de finitos.

 

La posada que sube bajo unos distintivos

la moda de la escama cubierta de veleta

a la vista sembrada en la piedra y el abeto

nada es mica en la linde ni en nubes venideras

cuentan en cambio pobres matrices del instante

figurillas pequeñas de nuevo modeladas

el sinsentido helado de comba vivaracha

así un destello vuelve sobre la compañía.

 

Y esa es la meta inútil acompañando al césped

de toda primorosa y deslumbrante mañana

con eficiente efecto silenciador en ella

yo sí te oigo amor mío y mirándote comprendo

lo que en ti significan los días descarnados

la quietud de las horas en el umbral celeste

de lo que trata afirmo es de esas mal retenidas

las caricias de acacias que razonan latiendo.

 

 

José Pómez

http://pomez.net

La saciedad que ataca a toda la valentía

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Con ignorar de donde es parte no es suficiente

Con ignorar de donde es parte no es suficiente

al principio destaca en el sentimiento público

como una muy holgada muestra mutante y cándida

desbandada nocturna de canguros inquietos.

Más tarde un hola alarga los senderos pensados

y en la veloz sorpresa de las conversaciones

el complejo de ramas se agrieta con las letras

débiles y supuestas refrescando paredes.

 

Y en esa feliz villa de todas las verdades

novedosas y fáciles para promover

necesidad mellada con la nueva alegría

va de un hilo que nadie lo comprende ni ha visto

nunca y sin esperarlo justamente en la siesta

en el ultimo verso te aproximas a mí

buscando duplicados donde no existen copias

lógicamente he huido una vez más hasta el cielo.

 

 

José Pómez

http://pomez.net

Con ignorar de donde es parte no es suficiente

 

 

 

 

 


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En la mínima acusa y a dos manos

En la mínima acusa y a dos manos

voluntarias no alcanzan el destello,

quizá ese amor de palmas olvidado

en la última ventana del espacio,

se destapa o contempla en curvatura

y anuncia la limpieza de las almas.

El comienzo de un beso en el trabajo

exactamente anuncia a la primera,

recorren los dos galgos y a la par

cordilleras terribles anunciadas,

cuando se ama a diario y ya sin reservas

eternidades surcan los jardines.

José Pómez

http://pomez.net

En la mínima acusa y a dos manos


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En la época desnuda

En la época desnuda

situaciones opacas

la síntesis del hielo

la proclama de piedra

libre por esmerada

transparente y sincera

y al bote de amarillas

semillas de melón

amarillo y pepino

de figura apartada.

 

Comprime con sus manos

su rostro entreverado

de un otorgado lazo

rotulado a la lumbre

y al turno sostenido

con selecta que exclama

la perfección medida

e intenta allanar tierra

en las profundidades

de estudio y referencias.

 

Corregido enmendado

con la ensordecedora

relanzando el nivel

visible en el modelo

queda comprometiendo

vertiente en el bidón

escogido entre cantos

que cimenta la influencia

huyendo de mentira

y de sus consecuencias.

 

 

José Pómez

http://pomez.net

En la época desnuda


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Peculiar abandono.

Peculiar abandono.

Ocio de poda y siembra
vacía los roperos
queda espacio a la espera
de todas tus estrellas.

La nueva incubadora
summum del lápiz graso
pronto se configura
con charla plaga y verso.

Así allí ya tenemos
algo más impreciso
por lo que preguntar
y sonriendo en Andorra.

José Pómez
http://pomez.net

1533338332642-542443480